La venganza de Aenur

 La niebla se pegaba a las túnicas de lana mientras la pequeña banda avanzaba en silencio.

 Aenur el Sombrío se detuvo al borde del cercado. Frente a él, los cuernos de bebida resonaban amortiguados desde el interior de una pequeña granja de madera. La plata que le había entregado a Aldhelm, un espía sajón de mirada esquiva, había dado sus frutos: su tío estaba allí dentro. 

El recuerdo de su padre caído apretó el puño de Aenur contra la empuñadura de su espada.

—¡Sal de ahí, Thorgrim Rompeescudos! —el rugido de Aenur desató el caos en la noche—. ¡Sal a responder por la sangre de tu propio hermano!

El portón se abrió de golpe. Ebrio pero impulsado por una furia bárbara, Thorgrim cruzó el umbral blandiendo la enorme hacha danesa que le había dado su temido apodo. Tras él, su guardia personal se desplegó a toda prisa para entablar batalla.

Antes de que Aenur pudiera dar la orden de carga, Skarf, uno de sus hombres, se adelantó fuera de control. Devorado por la locura de los champiñones alucinógenos que había ingerido, corrió espumajeando por la boca y agitando sus dos espadas sin reparar en su propia defensa. Detrás, en el flanco, el arquero de la banda tensó la cuerda de su arco de tejo y liberó dos  flechas a la desesperada clavandose en la casa. 

La embestida fue brutal y los hombres de Rompeescudos chocaron de lleno, trabándose en una gran melé en mitad del camino. 

Thorgrim hizo honor a su fama. Con su hacha danesa, partió el escudo y el pecho del primer guerrero de Aenur que le salió al paso, matándolo en el acto. 

Skarf se arrojó sobre Aenur como un lobo rabioso; antes de que la gran hoja le abriera el vientre al berserker poniéndole fin a su vida, Skarf logró hundir su cuchillo profundo en el costado del caudillo.

Thorgrim dio un paso atrás, antes de avanlanzarse sobre Aenur.

Tío y sobrino cruzaron el acero en el centro del patio. Aenur descargó una serie de tajos violentos buscando venganza, pero el exhausto Rompeescudos los desviaba todos con el mango de su hacha. En un feroz contragolpe, la hoja de Thorgrim alcanzó el hombro de Aenur, abriéndole una pequeña  brecha  que le hizo hincar una rodilla en el fango.

Thorgrim alzó el hacha danesa con ambas manos para dar el golpe de gracia, pero el sajón Aldhelm, con la frialdad de un mercenario, hundió su hacha por la espalda de Thorgrim. El Rompeescudos se trabó en seco, dejando escapar un suspiro ahogado.

Aenur no desaprovechó el segundo concedido. Ignorando el dolor de su hombro, se impulsó desde el barro y clavó la espada de su padre hasta la empuñadura en el pecho de su tío.

Thorgrim cayó de bruces sobre el barro helado. 

Con la guardia de su tío desbandándose en la oscuridad de la noche, Aenur limpió la sangre de la hoja en la túnica del caído, dando su primer paso para saldar la deuda de su linaje. 


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